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El empoderamiento de la mujer en la agricultura a través de los años.

El empoderamiento de la mujer va demostrando que son quienes ocupan puestos clave y desarrollan actividades más importantes en armonía con el medio ambiente y el hombre. Desde tiempos inmemoriales la mujer ha tenido un papel relevante e indispensable en las actividades humanas, especialmente en la agricultura, --pieza clave para la alimentación de los humanos--, al ser factor principal de los pueblos sedentarios, las ciudades y el mundo moderno, tal y como lo conocemos.

Las mujeres han participado en la producción agrícola desde su inicio, aunque el tipo y grado ha variado según las regiones y particularidades de cada cultura. El trabajo de las mujeres en la agricultura se ha tornado más visible, debido a que las investigaciones y una mejor recopilación de datos han logrado establecer de manera fidedigna las actividades que desempeñan.

En esa primera etapa de la civilización en Mesoamérica, las mujeres se destacaron en la agricultura, jugando un rol muy importante, dividiendo su tiempo en recolectar, cocinar, acarrear agua, procurar la educación y cuidado de los niños. Las mujeres empleaban técnicas que les permitían desarrollar variantes más productivas dentro de la gran diversidad vegetal que recolectaban, lo que dio como resultado: el origen de la agricultura (Shadow,2007).

En las últimas décadas, las mujeres han ampliado y profundizado su participación en la producción agrícola dado que, con mayor frecuencia, recae sobre sus hombros la responsabilidad del sustento familiar. Asimismo, su intervención se incrementa cuando responden a oportunidades económicas en la agricultura comercial.

Antiguamente, el 75 % de la dieta familiar era aportado por las mujeres a través de su papel como recolectoras. Obtuvieron una posición con mayor estatus al crear su técnica de recolección, participando en la domesticación de las plantas y logrando un avance en la tecnología alimentaria, lo que les brindó mayor prestigio entre las comunidades, siendo claro que se trataba de una actividad que el hombre no hubiera podido realizar sin la ayuda de la mujer.

La agricultura sigue teniendo una importancia decisiva en la generalidad de las economías no industriales debido a su contribución sustancial a los ingresos de exportación del país, el empleo y los medios de subsistencia. Las estadísticas oficiales subestiman el valor del trabajo de las mujeres y su contribución general a la riqueza nacional. Las mujeres siguen aportando una gran parte de la mano de obra agrícola. Son ellas quienes representan una proporción sustancial de la fuerza de trabajo, como productoras de alimentos o trabajadoras, y que aproximadamente dos tercios de la fuerza laboral femenina de los países en desarrollo participan en el trabajo agrícola.

En la actualidad, la agricultura sigue recibiendo apoyo con la mano de obra de la mujer, ya que de acuerdo con la FAO (Organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), son las manos, mente, cuerpo y esfuerzo femeninos los que aportan una mayor fuerza de trabajo a la agricultura,  abarcando desde trabajadoras agrícolas hasta productoras de alimento.


Debemos destacar que la mujer no ha sido tomada en cuenta en otros trabajos relacionados con la mano de obra en la agricultura, y como un claro ejemplo me incluyo: somos las ingenieras agrónomas, agroecólogas, médicas veterinarias zootecnistas y de otras carreras, a quienes nos ha costado mucho trabajo ingresar a territorios ocupados casi en su totalidad por los hombres.

La feminización de la agricultura muestra una creciente participación de las mujeres en la fuerza laboral agrícola, como productoras independientes, trabajadoras familiares no remuneradas, o asalariadas. Las mujeres no sólo trabajan en los campos y pastizales, sino también en plantas agrícolas de procesamiento y embalaje. Lo anterior denota en conjunto un verdadero liderazgo en el que las mujeres ganamos día con día poder por abarcar un sector más amplio para nuestro género, sin que esto signifique que deseemos competir o simplemente ganar al género masculino.

Niña menonita cosechando semillas de la flor de girasol, comunidad menonita Nuevo Durango, Hopelchén, Campeche.

Niña menonita cosechando semillas de la flor de girasol, comunidad menonita Nuevo Durango, Hopelchén, Campeche.


Con el paso del tiempo nos estamos empoderando en la agricultura, ya que cada día la mujer toma mayor presencia en las decisiones y opiniones del ambiente laboral agrícola.

Vivimos una época en la que las mujeres vamos avanzando, abriendo una ventana de oportunidades para seguir involucrándonos e incursionando en el mundo agrícola. Nunca olvidemos que la mujer fue pieza clave para  detonar la agricultura, cimiento cultural de su empoderamiento.

Shadow, M. J. (2007). Las Mujeres en Mesoamérica Prehispánica. Toluca, EDOMEX